Usando las matemáticas para unir las piezas de un tesoro perdido
Escrito por Redacción Matematicalia   
sábado, 05 de noviembre de 2011
Image EN 1944 UNA BOMBA ARRASÓ CASI COMPLETAMENTE UN FRESCO EN UNA IGLESIA DE PADUA (ITALIA) QUE DATABA DEL RENACIMIENTO Y QUE EN SU DÍA FUE ADMIRADO POR GOETHE. Alrededor de 88.000 pequeñas piezas de yeso fueron rescatadas de los escombros. Un matemático ha conseguido que todas ellas vuelvan a estar juntas.

EXTRAÍDO DEL PERIÓDICO DER SPIEGEL

En 1944 los aliados luchaban contra las tropas alemanas en Italia. Preocupados por la destrucción de obras de arte irremplazables, las autoridades enviaron a los americanos una lista de edificios que debían ser protegidos. Uno de estos edificios era la iglesia Eremitani de Padua, que albergaba frescos de Andrea Mantegna (1431-1506) y otros.

El colorido fresco dentro de la iglesia había fascinado a muchos visitantes, entre ellos el escritor alemán Johann Wolfgang von Goethe. “En la iglesia de Eremitani vi algunas pinturas asombrosas de Mantegna, uno de los antiguos maestros”, explica el escritor en su diario “Viaje italiano”.

A pesar de los esfuerzos de las autoridades de Padua, el fresco fue destruido en un bombardeo aéreo. Pero un matemático ha hecho posible que los visitantes vuelvan a maravillarse ante él, por lo menos ante partes del mismo, en la iglesia reconstruida. Usando alrededor de 88.000 piezas recogidas de las ruinas de la iglesia, Massimo Fornasier y sus colegas se han ayudado de ordenadores para restaurar partes de la obra maestra de Mantegna.

FRAGMENTOS DIMINUTOS

Pero ¿cómo lograron recomponer un puzzle con piezas que no superan el tamaño de una moneda de 2 euros? Durante décadas estuvieron almacenadas en docenas de cajas en un archivo de Roma. En 1992 fueron limpiadas, fotografiadas y, en la medida de lo posible, clasificadas. Las fotos digitales de las piezas rotas resultaron claves para la reconstrucción.

Los restauradores tenían una tarea enorme por delante. Catalogaron cada una de las piezas, cuyo tamaño medio era de 5 a 6 centímetros cuadrados. El área total de piezas combinadas apenas alcanzó los 77 metros cuadrados, menos de la décima parte del fresco original; el resto de la obra quedó irrecuperable después del bombardeo. Pero el matemático Massimo Fornasier, que en la actualidad trabaja en la Universidad Técnica de Munich, desarrolló algo de lo que carecían los historiadores de arte y los restauradores: un algoritmo que ayuda a ubicar cada fragmento en el lugar apropiado.

ALGORITMOS INTELIGENTES QUE AHORRAN TIEMPO

El equipo de Fornasier buscó un método para unir los fragmentos más rápidamente, estableciendo un proceso que los matemáticos llaman “Descomposición Armónica Circular”. El software que desarrollaron específicamente para el proyecto no contemplaba rotaciones intrincadas para cada fragmento, pero aún así proporcionaba una lista de posibles posiciones para las mismas, completada con una asignación probable de conformidad.

En última instancia, el grupo de Fornasier consiguió lo que muchos creían imposible: encontrar la posición original de casi todas las piezas del yeso destrozado lo suficientemente grandes como para ser identificadas. Después fueron devueltas a la pared de la iglesia. El proyecto, que comenzó en 2000 y se completó en 2006, no atrajo demasiada atención por parte de los medios de comunicación, a pesar del drástico avance que supuso en el uso de las matemáticas para la restauración de obras de arte.

“Este tipo de procesos matemáticos ha sido hasta ahora de difícil aplicación a las humanidades”, explica a la publicación digital SPIEGEL ONLINE Hans Georg Bock, catedrático de matemáticas de la Universidad de Heidelberg. Su universidad se involucró en un proyecto similar para restaurar fragmentos de papiros, pero fue menos difícil que con el fresco de Padua. Investigadores del Instituto Fraunhofer en Berlín emprendieron otro proyecto similar para volver a reunir los documentos destrozados por la policía secreta de Alemania del Este, la Stasi.

EN COLOR VIRTUAL

Para ofrecer a los visitantes que acuden a la iglesia medieval de Padua una impresión de cómo era el fresco original, algunas de las partes perdidas fueron pintadas en blanco y negro en la pared entre los fragmentos restaurados, los cuales mantienen su color. El resultado es una imagen salpicada de color en un 10 por ciento del área original del fresco. Sin embargo, la restauración no ha agradado a todo el mundo. Críticos del diario italiano Corriere della Sera arremetieron contra el proyecto, describiéndolo como una reconstrucción falsa.

Virtualmente, al menos, los investigadores restauraron el fresco a su color original usando los fragmentos como referencia. Tomadas entre 1900 y 1920, las fotografías en blanco y negro usadas como modelo en el proyecto no resultaron útiles en este aspecto. Para la estimación del color fue necesario emplear un proceso termodinámico.

Aunque sólo sea a través de la pantalla de un ordenador, los amantes del arte pueden finalmente atisbar lo que sintió en su día Goethe y lo que los italianos tuvieron tanto interés en proteger durante la Segunda Guerra Mundial.

Más información: Holger Dambeck, Bombed Fresco. Using Math To Piece Together a Lost Treasure, Der Spiegel [19 de octubre de 2011]